I. Contexto
El cierre del año fiscal 2025 presenta un panorama de estabilización macroeconómica en Colombia, con un Índice de Miseria (Okun) nacional de 14,0 puntos. Sin embargo, al desagregar este indicador en el nodo regional del Eje Cafetero y su área de influencia (Ibagué), se revelan profundas asimetrías. Mientras Pereira y Manizales logran niveles de bienestar cercanos al promedio nacional gracias a un mercado laboral dinámico, Ibagué (16,75) y Armenia (15,40) enfrentan crisis estructurales diferenciadas. Este artículo analiza la rigidez de la inflación y el desempleo en estas zonas, demostrando que la convergencia nacional no se traduce automáticamente en bienestar regional.
II. Metodología
El Índice de Miseria, conceptualizado por Arthur Okun, suma la tasa de desempleo y la inflación anual para ofrecer una métrica aproximada del costo social de la política económica. En la teoría macroeconómica, existe una relación de intercambio (trade-off) a corto plazo entre estas variables (Curva de Phillips): reducir la inflación suele costar empleo.
Al finalizar 2025, Colombia registra una inflación del 5,10% y un desempleo del 8,90%. Si bien estas cifras reflejan el éxito de la política monetaria contractiva del Banco de la República para frenar el desborde de precios de años anteriores, la “última milla” de la desinflación ha demostrado ser costosa y heterogénea. La persistencia de precios en el sector servicios y la incapacidad de ciertas ciudades para absorber la mano de obra disponible han creado “bolsas de malestar” que superan significativamente la media nacional.
III. Resultados
Al cierre de diciembre de 2025, la economía colombiana enfrenta la fase más compleja del ajuste macroeconómico. Si bien el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ha descendido desde sus máximos históricos, la convergencia hacia el rango meta (3,0%) se ha estancado. La inflación anual del 5,10% muestra una inercia significativa en el rubro de servicios y regulados, impulsada por mecanismos de indexación que protegen los márgenes, pero erosionan el ingreso real de los hogares.

Paralelamente, el mercado laboral nacional muestra signos de enfriamiento, con una tasa de desocupación del 8,9%. La combinación aritmética de estas dos variables arroja un Índice de Okun nacional de 14,0 puntos. Sin embargo, este agregado oculta profundas disparidades.

Para las ciudades del Eje Cafetero se tiene la siguiente configuración.
Tabla 1.
Componentes del Índice de Miseria por Ciudad (Diciembre 2025)
| Ciudad | Tasa de Desempleo (u) | Inflación IPC (π) | Índice de Okun | Clasificación |
| Ibagué | 12,60% | 4,15% | 16,75 | Crítico |
| Armenia | 10,00% | 5,40% | 15,4 | Crítico |
| Pereira | 8,70% | 5,77% | 14,47 | Medio |
| Manizales | 8,70% | 5,62% | 14,32 | Medio |
| Nacional | 8,90% | 5,10% | 14 | Base |
Fuente: Elaboración propia de Cardozo, Y. R., para la Secretaría de Hacienda de la Alcaldía de Armenia, con base en datos del DANE (2026).
3.1 Ibagué: La Trampa del Desempleo Estructural
El caso de Ibagué es el más alarmante de la muestra, consolidándose como la ciudad con el mayor deterioro en su bienestar económico agregado, con un Índice de Okun de 16,75. Lo paradójico de la capital tolimense radica en su composición: registra la inflación más baja del grupo analizado (4,15%), un dato que, aislado, parecería positivo.
Sin embargo, desde una perspectiva analítica, esta baja inflación no es síntoma de eficiencia productiva, sino de una demanda agregada deprimida. Los precios no suben al mismo ritmo que en otras ciudades porque el consumo de los hogares es débil, restringido por una tasa de desempleo del 12,60%, la más alta del panel. Ibagué enfrenta una crisis de oferta laboral crónica; su tejido empresarial no logra generar suficientes puestos de trabajo formales, lo que mantiene los ingresos de los hogares estancados. En este escenario, la estabilidad de precios es irrelevante para una población que carece de ingresos salariales, configurando un escenario de crisis social latente.
3.2 Armenia: El Doble Choque de Precios y Ocupación
Armenia se sitúa en un nivel crítico con un índice de 15,40, superando en 1,4 puntos el promedio nacional. A diferencia de Ibagué, la capital del Quindío sufre lo que en economía se denomina un “doble choque negativo”. Por un lado, mantiene una tasa de desempleo de dos dígitos (10,00%), una barrera psicológica y técnica que la ciudad ha luchado por romper históricamente sin éxito sostenido.
Por otro lado, la inflación en Armenia (5,40%) es notablemente superior al promedio nacional (5,10%) y a la de Ibagué. Esto sugiere una persistencia inflacionaria en rubros no transables, probablemente asociados a costos de vivienda, servicios públicos y alimentos, impulsados por la vocación turística de la región que presiona los precios locales al alza. En tal sentido, Armenia enfrenta un mercado laboral rígido con alta competencia por vacantes escasas y un costo de vida que no cede, erosionando el salario real de quienes sí tienen empleo.
3.3 Pereira y Manizales: Resiliencia y Costos del Crecimiento
En contraste con sus vecinos, Pereira y Manizales muestran un comportamiento más saludable, con índices de 14,47 y 14,32 respectivamente, convergiendo hacia el promedio nacional (14,00). El factor determinante en estas ciudades es la robustez de su mercado laboral, ambas con una tasa de desempleo del 8,70%, inferior incluso a la media del país (8,90%).
No obstante, esta dinámica laboral tiene un costo: la inflación. Pereira registra la inflación más alta de la muestra (5,77%), seguida de cerca por Manizales (5,62%). Este fenómeno es consistente con una economía más dinámica; el mayor nivel de empleo genera mayor ingreso disponible y consumo, lo que presiona los precios al alza por el lado de la demanda.
Económicamente, este es un “malestar” más manejable que el de Ibagué o Armenia, pues sugiere que la actividad productiva está viva, impulsada por el comercio, la logística y la industria, permitiendo a los hogares enfrentar los precios altos con salarios activos. La heterogeneidad del Eje Cafetero y su zona de influencia se hace patente al desagregar los componentes del índice. Mientras Pereira y Manizales logran mantener indicadores cercanos al promedio nacional gracias a un mercado laboral resiliente, Armenia e Ibagué sufren el impacto combinado de precios altos y falta de oportunidades.
4. Conclusiones y Recomendaciones de Política
El análisis del Índice de Okun para 2025 permite concluir que la política macroeconómica nacional tiene efectos asimétricos en el territorio. Mientras el promedio nacional sugiere estabilidad, el Eje Cafetero e Ibagué operan bajo lógicas distintas.
- Focalización en Ibagué y Armenia: La reducción del Índice de Miseria en estas ciudades no depende de la política monetaria del Banco de la República (tasas de interés), pues el problema no es un exceso de demanda. Se requiere una política fiscal expansiva local y departamental enfocada en la generación de empleo para reducir el componente desempleo, que es el principal lastre del indicador.
- Control de Costos en Pereira y Manizales: Para estas ciudades, el reto es controlar el costo de vida sin enfriar el mercado laboral. Estrategias de abastecimiento alimentario y control de especulación inmobiliaria son claves para reducir el componente inflación.
- El Reto de Armenia: Al tener ambos indicadores deteriorados, Armenia requiere una estrategia de choque: atracción de inversión extranjera directa (IED) para absorber mano de obra y desindexación de tarifas locales para aliviar el costo de vida.
En resumen, el bienestar económico en 2025 es un fenómeno geográficamente desigual. Ignorar estas disparidades bajo el velo de un promedio nacional “estable” sería un error de política pública que perpetuaría el rezago de ciudades intermedias como Ibagué y Armenia.
